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sábado, 20 de agosto de 2016

Viejas maletas, nuevos usos

Aprovechando que estamos en pleno verano, a cuenta de eso de las vacaciones, voy a enseñaros lo que se puede hacer con maletas que ya no están para más trotes. Os  mostraré trabajos realizados con maletas en estos últimos meses, y que mejor momento para hacerlo que éste, en el que todos andamos con las maletas a cuestas, y de paso, como estamos también de rebajas, hago un tres en uno y me voy poniendo un poco al día, aunque aún quedan muchas cosas atrasadas.

Maleta en estado original
Comenzaré por el maletín que podéis ver a la izquierda, una pequeña maleta de cartón, de procedencia desconocida, rescatada del olvido de un rincón del taller. Eva se empeño en que quería arreglarla para regalársela a mi hija en su cumpleaños, y eso hizo como os mostraré a continuación, por que lo cierto es que todo lo hizo ella - no seré yo quien se cuelgue las medallas por algo que ni toqué -.

El estado general era aceptable, el exterior no tenía desperfectos más allá de las rayaduras, desgaste, suciedad y óxido acumulado propio del abandono, y de los años, todo hay que decirlo, y el interior, salvo por las manchas amarillentas del papel que lo forraban tampoco tenía daños de consideración. El único desperfecto reseñable era el cierre que ya no cumplía su función.

Primero se limpió completamente toda las superficie de cartón, interior y exterior, y se quitó el óxido de los elementos metálicos. Seguídamente se pintó el exterior en  marrón tratando de recuperar, al menos en parte, el aspecto original y de negro los elementos metálicos.

Exterior finalizado
A la vista del austero aspecto, y dado que iba destinado a una niña, se le añadieron unos toques de color pintando los remaches y algunas costuras en rosa, el mismo rosa chicle que se utilizó para el interior, junto con unos toques de azul celeste.

Tras pintarlos con los mencionados colores, tanto el fondo de la maleta como el interior de la tapa se forraron con unas láminas de papel apropiadas para la ocasión y destino. Hecho ésto se barnizó totalmente para proteger las superficies quedando como se muestra a continuación.

Aspecto interior final

Como nos picó el gusanillo, recuperamos otra vieja maleta que había en el taller, esta de madera, con tantos años o más que la de cartón, en la cual ya había estado trabajando antes de Navidad.
Estado tras los primeros retoques
En su día ya había hecho gran parte del trabajo. Se lijó completamente, tanto exterior como interior, se pulió el metal de tirador, bisagras, cerradura y esquineras y se le aplicó un producto antioxidante sobre todos estos elementos metálicos. Se pintó de rojo aguado, dejando traslucir la madera del fondo en algunas zonas, y a continuación se barnizó.

Una vez terminado el exterior pasé a colocar las patas que convertirían a nuestra vieja maleta en una mesa auxiliar. Para ello había rebuscado entre los restos de materiales unas apropiadas, que según me comentó Eva, eran piezas sobrantes de una restauración de sillas que en su día había realizado para el Hotel Mencey. Las lijé, pinté de negro y barnicé, para que encajaran en el conjunto.

Exterior finalizado

Para unirlas a la maleta sin tener que agujerearla, y también con objeto de darle mayor resistencia y estabilidad, no confiando solamente en la delgada chapilla de la que estaba hecha la estructura, con dos simples tablas, lijadas, pintadas de negro y barnizadas previamente, confeccioné un soporte al que atornillé una pata en cada uno de los extremos, y que a continuación encolé a la base de la maleta.

Con ello estaba finalizado el mueble en sí, únicamente quedaba pendiente el acabado del interior pero con motivo de algún encargo, os recuerdo que esta maleta no lo era por lo que no tenía fecha de entrega, aparqué el proyecto. A ésto se unió el trabajo de la preparación del mercadillo de Navidad, algún que otro trabajito, y una cosa con la otra, así quedó unos cuantos meses en los que Eva no paraba de recordármelo - ¿cuando vas a terminar la maleta roja?.

Tenía pensado acabar el interior forrándolo de papel pero no encontré el momento ni la inspiración necesaria. En un par de ocasiones me puse a ello, y en una de ellas incluso llegué a imprimir unas láminas que finalmente utilicé para otro mueble por lo que la maleta siguió aparcada en un rincón, esperando una oportunidad.

Así quedó todo hasta que un día a Eva, tras acabar el maletín y a la vista de que yo no le hacía mucho caso - andaba liado con algún trabajo - ella misma se animó a rematar el trabajo con el objetivo de llevársela a su casa. Al final, después de tanto tiempo haciéndonos compañía en el taller parece que le cogió cariño y decidió acabarla para llevársela.

Tras seleccionar unas láminas a su gusto forró, con ayuda de Alfredo, el interior de la manera que podéis ver a continuación y tras un completo barnizado quedó lista para su nueva misión.
Maleta finalizada
Por último, y como no hay dos sin tres, tenemos una tercera maleta, ésta más moderna que las anteriores, calculo que de los años setenta, y que llevaba en el taller sólo un par de meses. En este caso si conocía la procedencia, se trababa de una maleta de mi mujer, recuerdo de familia, que había llevado al taller para limpiar - o eso le había dicho a ella - pero con la idea de hacer algo mas. Lo que no había tenido hasta entonces era tiempo para meterle mano - en el buen sentido de la expresión -, pero ya puestos en faena con tanta maleta otra más no importaba.

Interior finalizado
Cuando me puse manos a la obra, fue tan de repente que ni siquiera saqué fotos del aspecto original por lo que no puedo mostrarlo, aunque lo cierto es que se encontraba en bastante buen estado y apenas hubo que retocarla. El interior simplemente se limpió, y se colocó una tabla forrada con papel, elegido a juego con el interior, en la parte inferior con el fin de dar rigidez a la estructura y permitir fijar unas patas para, al igual que la maleta anterior, convertirla en una mesa auxiliar.

Las patas las había recuperado hacía ya un tiempo de un banco que encontré junto a un contenedor de basura y que había reservado para una ocasión como ésta.

Eran metálicas, por lo que se pulieron y pintaron de negro dejando en el dorado original los extremos que harían juego con el resto de elementos metálicos de la maleta que también eran de ese color. Seguidamente se atornillaron atravesando la parte inferior de la maleta a la madera interior. Se pulió el metal y si bien a los laterales tan sólo hubo que quitarle el polvo puesto que se encontraban en muy buen estado, tanto la superficie superior como inferior hubo de ser tintada, en este caso en negro, ya que se encontraban deterioradas por las rozaduras. Por último se le adhirió una cenefa de papel como decoración final quedando lista para su nuevo uso.

Aspecto final
P.D.: El maletín de mi hija a vuelto a viajar ya que se convirtió en miembro del taller de lectura que realiza mi mujer mensualmente, por lo que vuelve a salir de vez en cuando, aunque sea al Centro Ciudadano. La maleta roja aún espera en el taller la ocasión de ir a su nueva casa y la última ya forma parte de la decoración de mi casa. Viejas maletas, nuevos usos.

viernes, 5 de agosto de 2016

¿Tú que harías con este sillón?

Hace unas semanas, una posible Clienta contactó con nosotros para pedirnos nuestra opinión sobre lo que hacer con un viejo sillón que había recogido de la calle - yo también lo hago, y os sorprenderíais de lo que se encuentra en ocasiones - . Como es habitual en estos casos le pedimos que nos enviara una foto para poder hacernos una idea sobre lo que estábamos hablando y valorar los trabajos que podría requerir. Tras ver el estado en el que se encontraba, y teniendo en cuenta además, según nos informó, que tenía bastante carcoma en plena ebullición - si, esos bichitos inconvenientes que se comen la madera, y que probablemente fue el motivo por el que lo deshecharon-, llegamos a la conclusión de que no merecía la pena arreglarlo. Y no por que no se pudiera, al fin y al cabo todo tiene arreglo - menos la muerte, claro -, sino por que el coste que supondría no merecía la pena, salvo que fuera una pieza de especial valor sentimental o artístico - y evidentemente no era éste el caso -.

Viendo la ocasión, y recordando que teníamos en el almacén un sillón bastante parecido al que nos había mostrado, y sobre todo, en mucho mejor estado, le ofrecimos la posibilidad de customizarlo a su gusto por bastante menos de lo que le saldría arreglar el otro, pero finalmente no llegamos a un acuerdo - económico, se entiende -.

Como ya lo habíamos desempolvado para sacarle fotos y enviárselas a la posible Clienta, tras el fiasco, Eva aprovechó para colgar las fotos en el Facebook acompañadas de una inocente pregunta: "¿Tú que haríais con este sillón?", y lo cierto es que parece que el personal estaba bastante inspirado por que llegaron varias propuestas a las pocas horas.
Estado original

Al día siguiente, recibimos la llamada del marido de una de las seguidoras que había dejado su idea en el muro interesándose por el sillón, y ésta vez si que llegamos a un acuerdo para llevarla a cabo, y darle una sorpresa a su mujer regalándoselo.

La propuesta fue una de las más atrevidas, y lo cierto es que era una de las que más habíamos comentado de entre todas las que nos habían sugerido, por lo que nos gustó poder satisfacerla - y de paso ganar algo de dinero, todo hay que decirlo -.

Lo primero que hicimos fue retirar la tapicería original que se encontraba bastante deteriorada y tenía polvo hasta en las costuras. Después de ésto, como no, un buen lijado para hacer desaparecer el barniz antiguo y los restos de suciedad que se habían acumulado por el paso del tiempo, sobre todo entre el tallado de la parte superior del respaldo.


Se encoló la estructura, con especial atención a los reposabrazos y una de las patas que hubo que reforzar adicionalmente con un par de tornillos, quedando firme y resistente para soportar unos cuantos años más de batalla.

Una vez lista la estructura comenzamos con el color. Primero, con el fin de disimular rayaduras y permitir una mejor adherencia para la pintura especial del acabado final que íbamos a aplicar, le dimos una base de pintura roja bastante generosa. A continuación, la pintura especial dorada fabricada para la ocasión. Con dos manos fue suficiente ya que la habíamos preparado con tinte en polvo, lo que nos permitió darle la consistencia adecuada a nuestro gusto, lo que unido a la preparación previa nos dejó un acabado reluciente - ni el Rey Midas tenía una igual -.

Por último, aplicamos las correspondientes capas de barniz protector para mantener la durabilidad de la pintura, y con esto dimos por finalizado nuestro trabajo y se la entregamos al tapicero para que hiciera el suyo.

Aquí os muestro el resultado final, tal como quedó para entregar al Cliente, para que a su vez se la regalara a su mujer, al fin y a la postre autora de este, cuando menos, llamativo diseño.




Resultado Final


sábado, 11 de junio de 2016

Ayudante navideño

Este año parece que hubo algunos problemillas por falta de previsión, tanto en el Círculo Polar Ártico como en el Lejano Oriente por lo que a Papa Noel y a Los Reyes Magos se les acumularon los pedidos, y tal fue así que, tanto los Elfos como los Pajes no dieron abasto para atender la demanda de regalos de las pasadas Navidades así que, de manera extraordinaria, tuvieron que acudir a subcontratar la fabricación de algunos productos, lo cual no ocurría desde hace ya bastantes años.

No sé como, pero lo cierto es que consiguieron mi correo electrónico y poco antes de las Navidades, supongo que cuando le vieron las orejas al lobo y tenían claro que ya no les iba a dar tiempo a terminar todo para el reparto, recibí una petición de ayuda urgente, al igual que otros muchos inventores y artesanos de todo el mundo. No podía negarme, era todo un honor haber sido seleccionado para tan importante tarea, así que, superada la sorpresa inicial, dejé todo lo que estaba haciendo y me puse rápidamente manos a la obra, no era cuestión de defraudar las expectativas - y de condenarme a recibir carbón el resto de Navidades de mi vida, para que vamos a negarlo -.

Me encargaron cuatro regalos, todos ellos destinados a chicas. Tenían que ser sencillos, rápidos de hacer y aparentes dado el escaso margen de tiempo con el que contaba y aunque dos de las peticiones estaban definidas - no concretadas -, con las otras dos no tenía claro que hacer, pero coincidiendo con que en el taller estábamos haciendo pequeños objetos decorativos para Navidad decidí continuar en la línea y hacer unos colgadores.

Este fue el primero, que como podéis ver en la foto de la izquierda, no es que tenga mucha ciencia, eso si todos los regalos están hechos con mucho cariño - no os quepa la menor duda-.

Se trata de una tabla que ha sido forrada con servilletas de papel y se ha adornado pegando algunos detalles decorativos como una llave antigua, unas láminas imitando viejas cartas y flores, un retal de tela de saco y una cara sonriente hecha con pasta de modelar, todos ellos objetos recopilados por los rincones del taller. Tras barnizarlo todo le añadí unas alcayatas y cáncamos abiertos para que hicieran la función de ganchos para colgar llaves, bisutería, chorizos..., o lo que se quiera colgar - eso ya será decisión de la dueña -.

El segundo era muy similar. Partiendo de una tabla como base, la forré también con servilletas de papel, aunque esta vez no completamente ya que mientras lo hacía, me percaté de que había un nudo en un lateral bastante llamativo, que me pareció interesante dejar a la vista. Quedaba integrado en el conjunto y no desentonaba con la temática elegida para la decoración - bastante botánica como podéis ver en las fotos -. Completé el ornato con otras flores adicionales, también recortadas de servilletas de papel y tras barnizarlo todo le coloqué los cáncamos y alcayatas necesarios para cumplir su función.

Como se puede ver en la fotografía, su destino final ha sido el de colgador de bisutería.

El tercer objeto a realizar era un encargo concreto. Los Reyes Magos habían recibido la petición de un colgador para fulares y pañuelos con unas dimensiones determinadas a las que había que ajustarse, y me traspasaron esta solicitud.



Para su confección utilicé una tabla de palet, cortada a la medida especificada que pinté de blanco roto y decoré, pero esta vez utilizando una técnica de transferencia de imágenes, no pegándolas. Del mismo modo decoré una barra cilíndrica con unos soportes que atornillé a la tabla, elementos éstos reciclados de un viejo toallero que andaba en un rincón del taller - a saber de donde había salido - y tras barnizar el conjunto quedó listo para su colocación.

Aquí también podéis ver el uso que se le está dando en la actualidad.



El último regalo, y no por ello menos importante, era otro encargo concreto, para una chica un tanto especial. Se trataba una estructura de cama que debía tener las dimensiones adecuadas para contener la colchoneta correspondiente.

Comencé creando una base utilizando tablas de palets, creando un borde en el perímetro con otras, perpendiculares esta vez, de manera que sirvieran para fijar el colchón en el interior y evitar su desplazamiento. La parte trasera, a modo de cabecero, era más alta y confeccioné recortando el lateral de un armario que teníamos desmontado en el taller para utilizar para este tipo de cosas - era un armario horrible que alguien había sustituído y nos lo regalo para aprovechar la madera -.

Le coloqué en la parte inferior unas patas redondas procedentes de un viejo sofá que alguien había abandonado en una huerta cercana a mi casa , y del que las había rescatado un par de meses atrás al objeto de utilizarlas en algo como ésto - el que guarda siempre tiente -.

Por último lo pinté en dos tonos diferentes de violeta y tras pegarle unas letras con el nombre de la futura propietaria lo barnicé dando por acabados los trabajos navideños.

Observando la fotografía de la izquierda, parece que la nueva propietaria quedó bastante contenta con su regalo, y lo está disfrutando, espero que al igual que todas las destinatarias de todos los obsequios fabricados en esta ocasión.
 





P.D.: Espero que tanto los Reyes Magos como Papa Noel hayan quedado también satisfechos con el trabajo realizado y se acuerden en el futuro de mi. Me sentiré muy honrado de volver a echar una mano cuando sea necesario. Cualquier cosa por mantener el Espíritu de la Navidad.

sábado, 4 de junio de 2016

Restauración, pero de la otra (y III)

Retomando esta serie, y para acabar - sí, por fin, éste es el último capítulo, lo prometo -, aunque cronológicamente no fueron las últimas piezas que se hicieron, como se entregaron en diferentes plazos, las he dejado para el final, por guardar el hilo conductor.

Ya adelanté en la primera entrada de esta serie que uno de los encargos era realizar unos separadores que rompieran la sensación de vacío y linealidad del comedor interior, proporcionando mayor intimidad pero sin recargar demasiado el campo visual. Buscaba algo ligero y sutil para lo cual rescaté una vieja idea que en su día barajé para mi propia casa, y adaptándola al nuevo entorno desarrollé el proyecto a partir de ésta.

La idea consistía en fabricar unas mamparas partiendo de un marco, como si del bastidor de un lienzo se tratara, confeccionando una red irregular de cuerda en el interior, lo cual haría el efecto de dejar pasar la visión pero daría una cierta sensación de protección, como esa falsa intimidad que se crea en el interior del coche aunque realmente todo el mundo te puede ver a través de los cristales - ¿o vosotros no tenéis esa sensación? -.

Comencé construyendo un marco con tablones, de los que se utilizan para fabricación de palets, previamente lijados, cortados en ángulo de cuarenta y cinco grados y pintados. Sobre este marco exterior fijé otro interior de menor grosor, en el cual se insertaron unos cáncamos que servirían para tender la malla de cuerda.

Utilicé soga de esparto de ocho milímetros en la malla entrelazada, y para aumentar el efecto de privacidad, restando campo visual, opté por insertar unos tableros  rectangulares en medio del entramado que quedaron fijados conforme iba tendiendo las cuerdas.

Para estos dos separadores se utilizaron unos cien metros de cuerda, sin cortes ni interrupciones - una cuerda por biombo, se entiende - por lo que la tarea de tender el cordaje fue un tanto tediosa, pero poco a poco fue cogiendo forma asimilándose a lo que tenía en mente. Una vez finalizada la malla y convenientemente tensada se anudó el extremo final tras lo cual se colocó un tercer marco, similar al primero de manera que los cáncamos a través de los cuales pasaba la cuerda quedaban ocultos.


Montada la estructura, a uno de ellos, el cuadrado más pequeño, se le colocaron unos tacos gruesos en la parte inferior para que se pudiera mantener en pie de manera independiente permitiendo al mismo tiempo poder moverlo según las necesidades del servicio. Al otro, algo más estrecho, pero también más alto, dado que iba a quedar fijo en el acceso del pasillo, no fue necesario colocarle ningún soporte adicional ya que se fijó a la pared mediante una guía.

Terminada la estructura sólo fue cuestión de darle el remate de pintura, en un color blanco con un toque grisáceo. En las tablas suspendidas en el interior del entramado le añadimos unas imágenes con los logotipos del local utilizando una técnica de transferencia de imágenes y hecho ésto se aplicaron varias capas de barniz protector quedando de la manera que se muestra a continuación, una vez instalados.

Separadores finalizados e instalados
El último separador iba a ser diferente e iba a colocarse en la puerta de entrada, de manera que bloqueara en parte la visión directa de la calle evitando que la línea de mesas frente a ésta quedaran directamente expuestas a los curiosos que pasaban por delante de la misma.

Comencé confeccionando un bastidor, pero esta vez simple, sin marcos superpuestos. Se taladraron agujeros siguiendo una secuencia alternativa regular en las tablas superior e inferior y se entrelazó una cuerda, esta vez de forma regular de arriba abajo y viceversa hasta completar el marco.

Tras esto confeccioné un pequeño cajón en la parte superior con el objetivo de que quedara oculto a la vista el paso de las cuerdas, y otro mayor en la parte inferior que sirviera también de base añadiéndole unos gruesos tacos en la parte de abajo para mejorar la estabilidad de apoyo. Se remató la pintura, del mismo color que el resto de biombos y decoró, también utilizando la técnica de transferencia de imágenes, con los logos del local en la parte superior y unas grecas en el tablero central de la base. Con el barniz se le dio el toque final y quedó listo para colocar.




















Con esto quedaba finalizado el trabajo de nuestra primera incursión en el mundo de la Otra Restauración. Para mi fue un trabajo bastante satisfactorio ya que me permitió hacer lo que a mi realmente me gusta, diseñar y crear objetos nuevos partiendo de cero - la parte constructiva, sobre todo esos momentos pasando cuerdas, no es tan gratificante -. Con unas tablas, unos tornillos y unas cuerdas se pueden hacer muchas cosas, es cuestión de imaginación, y el resultado, salta a la vista, como podéis ver en la foto que os muestro a continuación, en la que se ven algunos de los objetos creados, y como se integran en el renovado ambiente del local.


 P.D.: Si queréis verlo en vivo y en directo sólo tenéis que ir al Santo Pecado Cocktail & Grill, en la plaza de San Francisco, frente a los antiguos juzgados de Santa Cruz de Tenerife. Un poco de publicidad nunca viene mal, sobre todo cuando tienes un Cliente que te da carta blanca para poder trabajar y desarrollar tus ideas.


sábado, 21 de mayo de 2016

Hagan juego

Hace unos meses recibimos la llamada de una señora que nos había conocido a través de Internet - mira tu por donde - comentándonos que tenía unos muebles de los que se quería deshacer y había pensado que a lo mejor nos podían interesar. Nos envió fotos de varias piezas entre las que pudimos ver una sencilla consola, dos espejos, un par de banquetas y una mesa plegable. Por el aspecto que tenían, y como más tarde nos confirmó, procedían de un hotel que cerró sus puertas hace ya varios años. Por supuesto, como no podía ser de otro modo, aceptamos el regalo ya que había varias cosas con posibilidades que no íbamos dejar escapar.

Una semana más tarde, concertada la cita, nos presentamos en la casa para recoger todos los muebles y ¡sorpresa!, la mesa plegable que me había dejado intrigado no era una mesa de comedor, era más pequeña de lo que había supuesto por las fotos. Era justo lo que llevaba tiempo buscando... ¡una nueva mesa de juegos!.

Fotos originales de la mesa

Como ya he comentado en una entrada que le dediqué anteriormente, una de mis aficiones son los juegos de mesa, y hacía ya un tiempo que tenía pensado cambiar la mesa que tenía en el sótano, que yo mismo había hecho hacía un par de años - os remito a la entrada 2 X 1  -, y que veníamos utilizando habitualmente para estos menesteres. El ancho se nos quedaba corto para determinados juegos - las extensiones con libros para las losetas del Carcassonne con expansiones ya no daban mas de si -, y sobre todo había quejas por la altura ya que resultaba baja - algunos ya estamos mayores para soportar las lumbalgias tras un par de horas de tensión sobre el tablero -. Había llegado el momento de jubilarla y buscar una alternativa más grande y cómoda.

Esta mesa era perfecta, con un largo similar, el ancho plegado era de 65 cm frente a los 72 de la anterior, pero se podían desplegar una o dos alas, según las necesidades del juego, llegando hasta los 101 cm si era necesario, más que suficiente para nuestros juegos. En cuanto a la altura, era de 60 cm - mucho más cómodo - con un mecanismo de torno que permitía elevarla 10 cm más si fuera necesario. Hasta el diseño, calculo que de los años 70, me resultaba bastante atractivo. Era perfecta, la solución a todos nuestros problemas.

Un par de semanas más tarde, impaciente por meterle mano - en el buen sentido -, en cuanto tuve un hueco en el trabajo del taller comencé a trabajar en ella, como casi siempre, sin tener todavía del todo claro el acabado que le iba a dar.

Empecé por lo que era evidente, quitarle la gruesa capa de laca que cubría los tableros, agrietada en algunos bordes y amarillenta, mientras iba pensando en el resto. Tras ésto comprobé que la chapilla que recubría el tablero estaba en buenas condiciones salvo un par de desperfectos que hice yo mismo - mea culpa - al decaparla. El tablero, a excepción de uno de los bordes, afectado por la humedad del abandono a la intemperie que había provocado que se inflara ligeramente, era totalmente aprovechable. Las alas plegables estaban en perfecto estado de revista, no requerían ningún retoque.



















Limpio el tablero, a continuación me puse a trabajar en la estructura que decidí dejar en su color natural. Me gustaba tal como estaba y habría sido una pena estropearla. Me limité a retirar el antiguo barniz y a pulir el metal de las patas recuperando el color dorado original de las terminaciones. Limpié el mecanismo de elevación que se encontraba bastante oxidado aplicando un antióxido y engrasándolo para suavizar el deslizamiento del rodillo. Después simplemente apliqué varias capas de barniz a la madera y barniz especial de metales a las terminaciones de las patas dando por acabada la estructura.

 
Transformación de las patas
Durante todo este proceso había estado dándole vueltas al acabado del tablero. Tenía claro - o eso creía - que quería un color claro ya que teniendo en cuenta que el destino principal iba a ser servir de soporte para nuestras partidas de fin de semana, prefería un color sobre el que destacaran los elementos de cualquier juego evitando confusiones.

Comencé a pintarla de blanco con un ligero toque beis pero conforme iba viendo el resultado no me terminaba de convencer, demasiado aséptico. Opté por añadirle un toque de color con unas rayas de distintas longitudes y darle así una aire más desenfadado, más acorde con el uso al que iba destinada que era al fin y al cabo algo de diversión.

Tenía intención de hacer las alas diferentes, para que rompieran la estética del tablero central y me decidí por pintarlas de marrón oscuro, pero a la vista del resultado no me gustó. Seguía queriendo diferenciarlas pero no tenía claro como hasta que me vino un flash - ¿inspiración divina? - con la imagen de un tablero de parchís.

Pinté nuevamente las alas de blanco mientras continuaba dándole vueltas a la idea del parchís. Me decidí por hacerle unas tiras irregulares con los colores del parchís en cada una de las esquinas, coincidiendo con la ubicación habitual de cada uno de los jugadores, que a la vez solemos utilizar el mismo color para los diferentes juegos.

No me atreví a cubrir demasiada superficie ya que la mezcla de colores resaltaba demasiado sobre el blanco y pensé que envejeciéndola un poco quedaría todo más coherente y me puse a ello, pero el resultado no me terminaba de convencer. Este es el problema cuando no sabes muy bien lo que quieres. Volví a darle otra vuelta de tuerca a la idea y sirviéndome de una brocha especial comencé a cubrir todo el tablero de trazos marrones. Trazos por aquí, por allá, rojo en una esquina, verde, azul y amarillo a las otras y por fin iba tomando forma algo que me parecía más apropiado. Continué dando brochazos hasta que me pareció suficiente. Para ir terminando pinté el borde del tablero de marrón oscuro y por último el barniz protector correspondiente. Después de tantas vueltas me gustaba el resultado y así es como se quedó finalmente.

Mesa Finalizada
Abierta en toda su extención, un metro cuadrado
P.D.: Esto ya es una mesa de juegos profesional, ¿Una partidita?.